Confesiones de verano
Siempre he pensado que mi porte sexy, mis bronceados músculos y mi fisonomía hercúlea jamás sería cuestionada de la forma en que lo han sido recientemente, derrumbando cualquier clase de postura de atleta consumado que quisiera haber adoptado aunque sea imaginariamente para mostrarme como el héroe sabelotodo que siempre quise ser para mi hija.
Pero ella, se ha reido de mi.
Se ha reído, y de sus labios no sólo brotaban carcajadas, sino burbujas.
Sus ojos, entrecerrados, arrugando ligeramente la nariz, y con las pestañas salpicadas de gotitas de agua, también se reían de mi.
Con medio cuerpo en la piscina, sumergiéndose y saltando con la facilidad de una rana absoluta, se ha reído de mi.
Y es que no sé nadar, y la pequeña bandida ésta, cree que porque lleva una semana en las clases de natación, ya ja superado cualquier gap generacional o jerárquico que nos separe!
Lo que no sabe, es que soy y seré siempre el rey de la piscina (siempre en la parte donde hay piso).
Debo decir que poder comprar la membresía de un club no es cualquier cosa, es muy interesante cómo uno puede convertirse en parte de una pequeña sociedad, de un pequeño grupo humano donde es saludado y sonreído amablemente, y donde puedo dejar a Michaela a sus anchas todo el día, jugando, nadando, comiendo helado. Es fantástico!
En días como éste, le doy las gracias a las oportunidades económicas que me acompañan.

